Dejó la ventana un poco abierta con la vaga esperanza de que ella volviera aquella noche. Lo llamara. Si podía salir en mitad de la noche, también podría volver en mitad de la noche.
Se desvistió y se acostó. Dio unos toquecitos en la pared.Sin respuesta. Se echóel edredón por encima de la cabeza y se puso de rodillas en la cama. Entrelazó las manos y, apoyando sobre ellas la frente, susurró:
-Por favor, Dios bueno. Deja que ella vuelva. Te doy lo que quieras. Todos mis cómics, todos mis libros, todas mis cosas. Lo que quieras. Pero haz que ella vuelva. A mí. Por favor, Dios, por favor.