El amor nos agarró y nos estrujó como a limones desesperados

;yo ando lamiendo su ternura,

pero ella se diluye en la eternidad,

se confunde en la eternidad,

se destruye en la eternidad

y aunque existo porque batallo

y "mi poesía es mi militancia",

todo lo eterno me rodea amenazándome y gritando desde la otra orilla.


agosto 28, 2012


La violencia no sólo no es algo que repugne al ser humano sino que ni siquiera es un mero medio de obtención de cosas, a veces es incluso un fin. La caracterización de la violencia como una enfermedad social es fruto de la negación de la naturaleza humana, que puede hallar la ciencia, y su sustitución por el mito del “buen salvaje”. La proposición de cambio social de quienes defienden tal caracterización está basada, a su vez, en otro mito o, más propiamente, falacia: la “tabla rasa”. Según esta falacia el hombre podría cambiar por medio de la educación sus malos hábitos. Esta asunción es la base del pensamiento de las diversas escuelas totalitarias (que tienen su génesis en el platonismo) y contribuye también a numerosas lecturas erróneas de los actos e instituciones humanas que generan legislaciones equivocadas e incluso peligrosas. No, la violencia no es una enfermedad social sino que es una manifestación de la agresividad, que es natural en el hombre. Es por esto que resulta natural que el hombre obtenga placer con la violencia y que llegado el momento pueda disfrutar aplicando tormentos y muerte a otros hombres a los que haya conseguido excluir de su esfera de iguales. En tanto esto, previsiblemente, será siempre así es necesario perseguir la violencia. No se puede esperar que en su impunidad el violento llegue un momento en que a través de adoctrinamiento o educación detenga sus atropellos. Es de esperar, más bien, el que la impunidad genere más violentos, en tanto la violencia genera admiración y temor, y que finalmente nuestro régimen político se vea alterado y sometido a la ruina de la tiranía.